miércoles, 28 de mayo de 2008

MANUAL PARA USAR MODERADAMENTE EL RASTRO







































Definición del Rastro.
Definición del vendedor.
Definición del comprador.
  1. Rastro:
Envuelto en una áspera leyenda de picardía marginal, resiste el Rastro. Pariente pobre del comercio al uso, se adapta serpenteante a los nuevos tiempos sin desprenderse de su tradición: el encanto por lo raro, escaso, inútil y ,fundamentalmente, asequible, que sobrevive en el tiempo a través de la historia de la civilización y la cultura.
No es un museo al aire libre, es más bien, como decía Gómez de la Serna: “ La playa donde van a parar los restos de todos los naufragios”, desechados en escombreras, bombos de basura o abandonados en sus íntimos refugios desde donde el trapero los rescata para comenzar una nueva vida en el Rastro al encuentro turbador del objeto y nuestro más recóndito inconsciente, en un piélago de cachivaches y, en donde nunca sabrás, si fuiste tú quien lo encontró o, fue él quien te encontró a ti.
Cosmopolita y barato lo encuentran los artistas bohemios y todo aquel de acobardada economía. Y abandonado a su suerte, el Rastro se convierte en una Academia de Malas Artes y Malos Oficios varados en el interior pícaro del ser humano, en un desagradable escenario donde los personajes del melodrama picaresco, superan con creces, el talento de sus apócrifos guionistas. Pero eso sí, como las aguas de un río, nunca es el mismo en su recalcitrante ciclo de siete días, mediante el cual, mantiene la intensidad-frecuencia necesaria para luego, al final del día, quedarse solo ante la incomprensión, y exprimido hasta la ultima gota, además de ser… extremadamente adictivo.

2.Vendedor:

¡El trapreooo, compro ropa vieja, pelo, lámparas, loza, relojes, cubiertos de plata, trastos viejos…! Canturreaba, acompañado del sonido de los cascos de su burro y las llantas de acero de un atávico carro golpeando sobre el destartalado suelo de adoquines, un hombre de aspecto desaliñado y manos de hierro fundido, que bregaba entre los enseres y rompía el silencio de la consagrada siesta estival. Nunca reparé en él, ni en su carro repleto de inútiles cacharros más allá de estos encuentros que, de cuando en cuando, se producían y, mucho menos, que iba yo a sucederle en tal oficio, reservado tan solo para gitanos y analfabetos. Pero la vida da muchas vueltas y, un día, sin tabaco y siendo aún joven , me acerque al Rastro a vender mis últimas pertenencias y solo dije: esto es lo mío. Empecé a sentirme útil, y continuo fumando hasta ahora.

SUGERENCIAS
  • Compra barato y vende barato. Ten en cuenta esta relación y multiplícala por muchos artículos y al final del día, ganaras dinero. Por el contrario, si compras caro e intentas vender más caro aún, no es en el Rastro donde debas intentarlo.
  • Si metes la mano en el contenedor para coger tu trozo de pastel, despreocúpate de quien se comió el resto, ya que todos participamos de la misma ilusión. Y tampoco te esfuerces en demostrar que sientes y padeces e, incluso, hasta que piensas, es decir, que eres un ser humano en definitiva. Una cosa es cierta, eres materialmente pobre y nada más; sin embargo, tendrás que demostrar muchas veces que no eres tan necio ni incauto, ni mucho menos: un hijo de puta.
  • ¿Marginado o marginal? Da lo mismo. No te curres la página de la lástima. Da algo a cambio, como esfuerzo y constancia, porque tiempo te sobra.
  • Si eres novato, no recibas consejos ni regalos de aquellos que únicamente utilizan el Rastro como compradores, porque solo pretenden perpetuarte en la pobreza y en la ignorancia y, si no me he explicado bien, te contaré esta fábula: “Érase una vez un pobre pajarillo que se había caído del nido mientras su madre se buscaba la vida. Milagrosamente, sobrevivió al tremendo golpe y allí estaba, en el suelo, colapsado por el miedo y aterido de frío. Una vaca que tranquilamente pastaba por allí, se apiadó de él y le descargó una generosa gandinga (más grande que la lona de un circo) sobre su diminuto tamaño. Como pudo, el pajarillo asomó la cabeza mientras su cuerpo entraba en calor y comenzó a piar- ¡pio,pio,pio…!- en agradecimiento a su benefactora, pero, mira tu por donde, una zorra que merodeaba por el lugar, al oír el pio,pio, se acercó sigilosamente y de un bocado se lo zampó. Moraleja: aunque la mierda te llegue al cuello, nunca digas, ni pio.”
  • Cuida tu codicia, pues solo tú eres el responsable de todo cuanto hagas bajo su dictado.
  • No te dejes llevar por tu fantasía infantil y acabes inventándote un cuento sobre tu pasado para estar a la altura de los conspicuos compradores que te doran la píldora y por encima del resto de vendedores, puesto que, al fin y al cabo, solo importan los precios de tu mercancía.
  • No manipules los artículos buscando “el lucro personal; el tente mientras cobro y el ave de paso estacazo”. Tarde o temprano, estos se chivaran y te dejaran con el culo al aire.
  • En el mundo solo hay dos clases de personas: los caballeros y los piruleros. Los caballeros, se caracterizan por su nobleza y son capaces de sacrificarse defendiendo su palabra y los compromisos a los cuales ella está enlazada: deudas, tratos… etc. Sufren cuando son saqueados por la demagogia barata de ineptos mercachifles adeptos a dar palmadas en los hombros. Dentro de su bondad, no alcanzan a imaginarse qué, aquello que todos hemos heredado y aprendido mediante la educación de nuestros ancestros, se convierta en un blanco para francotiradores arribistas. Estrechan la mano dejándose llevar por un sentimiento afectivo que lo vinculará a la otra persona mientras dure el trato. En resumen: Tienen Calidad Humana. Los Piruleros, pueden ser pobres, ricos y tener un amplio bagaje intelectual, pero lo que se pierden, es la satisfacción de haber Cumplido con su Palabra. Por lo tanto, no empeñes tu palabra más allá de lo que buenamente puedas conseguir, sin menoscabar tu propia dignidad.
  • No te dejes acoquinar por los compañeros que invaden tu puesto de venta, que es en definitiva, tu espacio vital y plantea la correspondiente queja a la Delegación para que restituya tus derechos, ¡que a lo mejor tienes suerte y serias el primero en conseguirlo!.
  • No tengas los mismos artículos expuestos más de tres semanas seguidas si estos han despertado el interés de los compradores, porque es el precio lo que no les atrae. -Me lo pensaré- te dirán, y tu paraeta se irá llenando poco a poco de curiosos “Me lo pensaré”
  • No dejes que sea el comprador el único que se quede satisfecho en la operación; disfruta con él desapegándote de los artículos, al fin y al cabo, todo es impermanente.
  • Ni se te ocurra autoproclamarte príncipe de los pocaropa ni ser ungido por ellos. Cuando sientas este deseo, siéntate en postura zen, pon atención a tu respiración y repite: inspirando tranquilizo mi cuerpo, espirando sonrío, y deja que el deseo se desvanezca por si solo.
  • ¿Me has guardado algo? Te preguntará nada más llegar alguien al que tu considerabas cliente hasta el momento en el que declinó amablemente el artículo en el que tú, primero, habías invertido tú dinero y tus buenas intenciones con el fin de quedar ambos satisfechos pero… en lo único que habéis atinado es: en la mutua decepción. Te aseguro, que poco a poco, los desengaños se desvanecerán en menos tiempo y, que sepas, que no tienes clientes al uso, sino buenas o malas relaciones con los compradores.
  • No tengas como único proveedor a la Diosa Fortuna, ya que como dice el mito: “es una rueda que nunca se para en el mismo lugar dos veces seguidas” y, aprovecha, el poder acceder de una forma barata a multitud de conocimientos a través del material que transcurre por tus manos y el Rastro.
  • Si has alcanzado una cierta veteranía, solo tienes que dejarte llevar por tu propia intuición.

3.Comprador:

Es un ciudadano-a que acude al Rastro para entretenerse; solo o en compañía; de madrugada o a media mañana. Mira, y solo ve lo que le interesa ver.
Hay dos clases de compradores: el que madruga y el que no lo hace.
El primero es individualista y tan solo se deja acompañar en su rastreo por otro amigo o compañero, siempre que éste, no entre en rivalidad con los artículos que él busca. Desgasta el asfalto de la plaza trasegando en todas direcciones tras la arribada de unos y otros vendedores. Es determinante en la configuración del Rastro que percibirá el segundo comprador, pues éste, solo catará aquello que él descarte.

SUGERENCIAS
  • Si vas al Rastro de madrugada, no hace falta que te disfraces, porque todos te conocemos.
  • No metas la mano en los fardos que no están a la disposición del público sin el correspondiente permiso del vendedor, ya que a ti no te gustaría que te lo hicieran.
  • Si es la primera vez que vas al Rastro y no te sucede nada que cambie tus habituales parámetros, tienes el 99% de probabilidades de que nunca más vuelvas a repetir. Por el contrario, si te quedas impresionado ante la saturación de tus sentidos y exclamas -¡Esto es lo que yo buscaba! y te entran ganas de escribir un libro: ponte ha escribirlo ya, porque esto mismo nos ha pasado a todos y ninguno lo hemos comenzado todavía.
  • No abuses del buitreo porque al final acabaras definiéndote, aunque tengas buena posición social y económica y un excelente bagaje intelectual y cultural, como lo define la Academia de la Vida. BUITRE: Persona insegura, inmadura y caradura que se muestra implacable con los semejantes que considera, en su libre albedrío, inferiores. Consciente de su superioridad, picotea a su victima una y otra vez buscando sus flancos más vulnerables: la pobreza en todos sus sentidos, menos en uno, el cual reconocemos cuando lo tenemos delante y llamamos, calidad humana; consustancial a todas las personas independientemente de su cuna. Ante la frustración pierde la dignidad anteponiendo su soberbia a la generosidad que cabría esperar de él. Su egoísmo le desborda dejando al descubierto sus cartas en el envite del regateo. Demuestra falta de lucidez al no saber adaptarse a los cambios intrínsecos de la evolución natural y por lo tanto, condenado a otear desde la cima de su contumacia: su propia decadencia personal.
  • Utilizamos la palabra lástima, a menudo, para definir un sentimiento confuso que nos hace sentirnos inseguros cuando contemplamos el sufrimiento ajeno e, inmediatamente, nos dejamos llevar por la emoción poniendo cara de pena en solidaridad con la escena que nos conmueve. Quizás solo sea cuestión de aliviar el bolsillo en unos céntimos, o tal vez, huyamos con alguna excusa peregrina para no derrumbarnos. También podemos involucrarnos en la vorágine de la experiencia y, como Espartacos, conducirlos hacia la libertad. Todo depende de la formación que tengamos al respecto para tranquilizar nuestra conciencia, que es en definitiva, lo que en realidad nos interesa, ya que todo lo demás, supone una inversión de tiempo y, por reducción, dinero, por lo tanto, acaba convirtiéndose en una materia prima sometida a la especulación como cualquier otra, solo que esta es: sin fronteras. ¿Eres tú un comprador sin fronteras?
  • Si dedicaste toda tu atención a hacerte rico y, de la noche a la mañana, pretendes demostrar también que además eres sensible y culto, no te preocupes, en el Rastro siempre hay algún vendedor que te dejará con cara de gilipollas cuando descubras que la pintura que te ofreció como una ganga, es falsa. La exquisita figura de marfil, es en realidad, de marfilina y, el mueble que te aseguró que era de nogal macizo, es simple pino tintado con nogalina.
  • Cuando descubras un tesoro entre la aparente desidia de cualquier parada destartalada, es mejor que te sientas en ese momento como el mismisimo Howard Carter, cuando descubrió la tumba de Tutankamon, que como el primer varón que desflora a una muchacha, pues, en ese caso, como mínimo, serás el segundo.
  • Cuando pidas precio de un artículo, y este se acomode a tus expectativas, no regatees sin piedad, porque dejaras en el vendedor una mala impronta de la que le costará mucho desprenderse.
  • Si has acumulado mucha quincalla y oropel y te sientes importante por esto, recuerda aquello de que: “Quien nunca ha llevado bragas, las puntillas le hacen llagas”
  • Si durante el resto de la semana atiendes tu vida personal con normalidad y, conforme transcurre el sábado, te vas encontrando inquieto y prefieres quedarte en casa para acostarte temprano, te diré, que estos son los primeros síntomas que te llevarán a convertirte en un yonki del Rastro, y acabaras sintiéndote un incomprendido, un marginado por los tuyos a los que abandonas con cualquier excusa para pasar la mañana entre… ¿la inmundicia?.
  • “El qui furta un ou, furta un bou” Dice el saber popular. No seas mezquino-a, y no te lleves nada sin pagar por insignificante que te pueda parecer esta acción frente a un vulnerable vendedor-a, y si no es así, cuéntaselo a tus selectas amistades.
  • ¿Coleccionista o comprador de curiosidades baratas? ¿Cómo te definirias? Tu crédito personal, nadie lo pone en duda, no obstante, cuando salgas de casa, es mejor que cargues en la pelleja (y no la pierdas de vista) la mayor cantidad de dinero que te permita tu economía, pues nunca sabes lo que te puedes encontrar, ni donde. El instinto te llevara a aquellos puestos en los que tuviste suerte, primero, y luego, continuarás más calmado, como un ritual, tu expectante recorrido una y otra vez hasta que te convenzas a ti mismo de tu fracaso.
  • Si eres de los que piensan que no tienes ninguna necesidad de ir al Rastro y vas cada dominingo ¿Por qué lo haces?.
  • No te dediques a hurdir intrigas cuando pierdas una compra. Si te chinaste, es porque todavía no sabes que siempre no se puede ganar.
  • Tu lamento moñon no te servirá de nada si compraste dejándote llevar por la avaricia, recuerda las veces en las que quedaste muy satisfecho por el mismo motivo, y verás como te consuelas.

EPÍLOGO

Dicen que la ignorancia es muy atrevida y, consciente de ello, he osado en malgastar mi tiempo redactando este manual, que quizás solo sirva para hacer todo lo contrario de cuanto digo en él, con lo cual, me sentiré igualmente gratificado y reconocido.
Quiero dar las gracias al equipo de gobierno del Exmo. Ayuntamiento de Valencia, que a través de su Concejalía de Mercados y Abastecimientos y durante casi 20 años, nos ha tratado con superficialidad, desidia y, últimamente, con un claro menosprecio hacia el contenido material y humano del Rastro. Contenido que, claramente, nosotros no hemos inventado y de quienes tan solo esperábamos comprensión y acercamiento.
Sin su enconada indolencia, nunca hubiera encontrado una mayor motivación para profundizar en la lectura y en escribir estas reflexiones que, fluyen directamente del contenedor y pongo a disposición del consumidor y de cuantos las quieran criticar.


Valencia a 28/3/08

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