viernes, 23 de mayo de 2008

Atentado con potaje


Nunca creí que le gustaran
ni a Maruja y Serafín
el potaje de habichuelas
ni la sopa de Avecrín
Se juraron mutuo amor
entre los ficus de un parque
y montaron su pisito
en el fondo del petate.
Para celebrar la unión
fueron a la Casa Grande
y pidieron el menú
que era un señor potaje.
Se sentaron en el banco
de aquella tremenda mesa
y sirvieronles los platos
incluida la sorpresa
¡Maldita sea!
Qué coraje
he de comerme
este potaje
¡Maldita sea!
Se quejaban
y dos lagrimones
se enjugaban.
Pues sabían que media hora
tenían pa disfrutar
del menú recalcitrante
que luego se iba a vengar.
Y soplaban la cuchara
con inusitada fuerza
y lloraban y lloraban
lagrimones como peras.
Salieron más colorados
que el ojete de un macaco
y se fueron hacia un bar
a ver el telediario.
Traspasaron el umbral
y al momento se pararon
y se fueron de vareta
cogiditos de la mano.
¡Maldita sea!
Iban gritando
y aunque corrían
se iban cagando.
¡Maldita sea!
Se quejaban
siete mil peos
los devoraban.
Los clientes estupefactos
mirando el telediario
Había guerra en Panamá
y guerrilla en aquel cuarto.
En medio de la contienda
un borracho despertó
y gritando ¡Vaya tela!
Con las mismas se durmió.
El dueño, que ya flipaba
al ejército llamó
y sellaron aquel cuarto
por la contaminación.
Y Maruja y Serafín
tuvieron su reportaje
con un titular muy grande
ATENTADO CON POTAJE
¡Maldita sea!
que coraje
como nos vemos
por un potaje.
¡Maldita sea!
se quejaban
y de cuando en cuando
pedorreaban.
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