viernes, 23 de mayo de 2008

El hombre del reciclaje

La abeja liba las flores;
la flor exhala perfume
y esto es así porque
se encuentra en su lugar.
La rueda gira y no habla.
El libro habla y no rueda,
esto es así porque se
encuentra en su lugar.
El hombre del reciclaje
trabaja a bajo voltaje
y se extingue
en una generación.
Lo apuesta todo a una carta;
sus mejores ilusiones;
siempre pierde
frente al as de corazones.
Ahora recoge jamones,
para comerse los tendones.
Perras y gatas, juntos,
comparten las zurrapas.
El hombre del reciclaje
se está bebiendo su historia.
Hubo una vez que, con su piano,
rozó la gloría.
Las melodías que ahora arranca
a su vetusta pianola
se quejaban de su torpe fluidez.
Sus dedos ya no digitan
al compás de su memoria:
veinte años
lo separan de las notas.
Quien se lo podía haber dicho
a este orgulloso maestro
que iba a acabar,
¿también o tan mal?
a ritmo de vals.
Y ahora recoge jamones
y abusan de él los bujarrones.
¡Quién se mosquee,
es que se dio
por aludido!.
El hombre del reciclaje,
desgasta muchos zapatos;
arriba y abajo,
deambulando
tras los trastos.
El hombre del reciclaje
lleva chaqueta de traje;
dos números más
para calzar:
es natural.
El hombre del reciclaje
no guarda en casa
ni un traje:
partirá a cachitos,
al otro viaje.
El hombre del reciclaje
desciende del cromañon
y ha servido para
crear esta canción.
Y en una profunda balsa,
de hospital universitario,
quedará a merced de
futuros cirujanos.
Y quedará en el recuerdo
de sus correligionarios,
como ejemplo
de talento natural.

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