sábado, 8 de septiembre de 2012

UN POEMA CAPAZ DE CONMOVERLE

      
     (ESCRITO A DOS MANOS)              

    Estoy sentado en la terraza de un bar.
    Es temprano y hago lo único que sé hacer a esas horas de la mañana: tomarme un café, fumar y contemplar la calle.
    Gente atrafagada transita por la acera
    Miro, sin mirar, el horizonte.
    Una figura lo atraviesa. 
    Se parece a un amigo de la infancia.
    Mientras doy un sorbo al café y enciendo otro cigarrillo, lo recuerdo todo:
    Una vida descaminada, buscando en el fondo del contenedor de basura, un poema capaz de conmoverle.
    Un inútil, no más que un cura diciendo misa todos los días.
    Un golfo petulante que retira a manos llenas, de su memoria, los escombros del pasado.
    Un inadaptado dejándose la piel para no aburrirse.
    Lo llamé y no quiso sentarse y dejar que le invitara.
    Él tiene presente que nadie da nada a cambio de nada.
    Otro día será. 

    PERE TAMBIÉN LO VIO


    Sí, yo también lo vi y lo olí: un chico huidizo que apestaba.
    Convivimos en la infancia entre un parque y unas mesas de pupitre;
    en la adolescencia, entre otro parque y unas mesas de billar;
    en la la madurez, entre contenedores y mesas de bares.
    Tal vez nos debamos reunir por fin,
    sin hablar, sin mesas que estorben, sólo oliéndonos,
    dentro de un oscuro contenedor.
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