viernes, 17 de octubre de 2014

¡QUÉ TRISTE ES TODO!


         ¡Qué triste es todo! Pues no voy y me cago encima cuando intentaba mear. A simple vista no tendría mayor trascendencia, según se mire; pero para mí (míralo como quieras) sí que me produjo cierta pesadumbre, tristeza más bien, porque enseguida me vino a la mente la escena de la película Cowboy de Medianoche, cuando Rizzo (Ratso) se mea encima en el asiento del autobús que lo lleva a Florida. Fue una escena conmovedora lo de su última meada en la que, primero, le dio por llorar y luego por reír. En mi caso, yo no sabía qué hacer, porque no iba camino de ninguna Arcadia, sino que estaba dentro de uno de los váteres ambulantes del Rastro y si me descuido un poco, de irme, me hubiera ido de vareta del todo. Resulta, que me estaba meando vivo, a punto de reventar, y enfilé camino de los servicios. Cuanto más me iba acercando al váter, más incontinente estaba mi vejiga. Por suerte, no tuve que hacer cola, porque no era domingo sino un día festivo. Me desabroché la bragueta (digo esto porque eran unos Levis Straus, cuyo home antecésor, era de mi talla) raudo y apremiado por el dolor de la vejiga y, al apretar, resultó que, el primer esfínter que se soltó fue el del bullate. Me quedé paralizado de medio cuerpo para bajo y, del otro medio, donde se ubica la cabeza, boquiabierto. El dolor de la vejiga era insoportable pero, si soltaba el esfínter de la uretra, su colega, el del “ya me entienden”, por simpatía, también lo haría. Algo me decía que así sucedería; pero yo no estaba preparado para la ocasión, que, en otro momento, hubiera resultado cuasi orgásmica ¿o no es verdad?. Estaba de pie y como pude hice una maniobra de disuasión. Mientras sujetaba un esfínter, soltaba el otro intentando poner orden y disciplina y dejar claro que el que mandaba era yo; pero la verdad sea dicha, la sensación que tenía era la de que mandaba poco. En medio de los aprietos, di por perdida la batalla y me entregué a mi destino: ¡qué remedio! La cosa ya estaba hecha. 

Posdata: me embarga la sospecha de que, esta secuencia de acontecimientos, pudiera estar en el origen de tanto sufrimiento como hay en el mundo: empezando por el que fuera detrás de mí.    

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