Oda al primer poema que escuché, en
clase de lengua, cuyo autor era un compañero cuando éramos niños de doce años
A la vez que me conmovió, despertó en
mí una gran envidia
Destetado de
la fuente,
el arroyo
bajaba saltando
de mis oídos
al cerebro.
En medio de
un recoveco
tuve envidia
de ser río en ciernes