De Linares a Valencia
pasé por
Despeñaperros
Atrás
quedaron los cerros,
las lomas… y
mi inocencia
Prolongué la
adolescencia.
Estuve
“apedreando perros”
hasta los
primeros entierros
luego…
aumentó la frecuencia
Y ya pa, para
terminar,
de mi pasado
recorto
la imagen de
aquel chaval
que, por
flaco, al caminar,
con pantalón
de nailon corto,
le salía un
“güevo” por el camal.